Hubo una vez, en la ciudad de Kioto un bosque al lado de un gran
estanque. El árbol mas grande del bosque era un gran cedro de gran
tamaño, pues era muy viejo. Solía pasear por ahí un samurai que servía
al señor de esos parajes. El samurai estaba pensando en cómo conquistar
una isla cerca de Kioto, y se le ocurrió hacer una gran catapulta para
aplastar las murallas y casas de los habitantes de la isla, cuando se
encontró al viejo cedro. Se le ocurrió hacer la catapulta con la madera
del cedro, así que se lo recomendó a su señor. Al señor le pareció bien,
y cuando fué a cortar el cedro junto a otros tres samurais, vió que un
anciano señor estaba guardando el cedro. Decía que no quería que
cortaran el cedro, y al ver eso, los samurais volvieron hacía su jefe.
El señor dijo que quién custodiara el cedro fuera decapitado, pero
cuando volvieron, vieron al anciano guardabosques que les dijo:
-Guardabosques: ¡Protegeré este árbol en nombre del gran dragón!
-Los samurais se fueron y les dijeron al señor lo que había sucedido:
-Señor: ¡Me da igual que protega el árbol en nombre del gran dragón! ¡Cortadle la cabeza si hace falta!
-Fueron veinte samurais al bosque, pero cuando llegaron, el cedro estaba
ardiendo, y el guardabosques, sentado en el cedro mientras las llamas
le devoraban. El cedro, medio calcinado se cayó al estanque y sus
cenizas se esparcieron. El cadáver del guardabosques estaba tumbado en
el suelo... Los samurais, al ver esto se fueron y no volvieron al
palacio del señor. Años mas tarde, vino un joven guardabosques a
sustituir al antiguo. Hizo una escultura del gran dragón y la puso
encima de la tumba del anciano guardabosques.
FIN